El verano, a pleno rendimiento, a entrado en Sevilla sofocándonos con su "caló". Los parques han sufrido una transformación cromática: de verdes intensos debido a las intensas lluvias del invierno, a marrones pajizos por la sequedad de las temperaturas.
Ésta desecación provoca que las hojas, hierbas y flores tomen una rigidez que pueden ocasionar un buen susto a los perros. Vamos, lo que significa para la flora la transición entre primavera y verano, que voy a contar. El caso es que Lupe, la semana pasada tuvo uno de sus: ay omá que le pasa al perro!!!
En el Parque Miraflores, mis padres en el paseo nocturno canino, se encontraron que la perra después de estar jugando con Cayetana (la galga) y otros, rebozándose por la hierba seca, de pronto comienza con una estornudera impresionante. Existen espigas (como la de la foto que es la peligrosa) que siendo verdes los canes las mastican y comen, pero que ahora, que están secas pueden introducirse en nariz y oídos, provocando un mal mucho mayor. No es el primer perro, dentro del parque, que tienen que llevarlo al veterinario por lo mismo.
La espiga entra por el orificio, por ejemplo nariz, y cuando el perro estornuda se abre impidiendo su expulsión. El perro no para de estornudar y, en cada respiración la espiga asciende por su hueco nasal hasta instalarse en la frente. Aquí ya es demasiado tarde y el animal tendrá que ser intervenido quirúrgica mente.
Por ello hay que tener especial precaución en los paseos rutinarios, intentando evitar zonas secas, que juegen en las verdes y, sobre todo, si vemos que el perro estornuda con demasiada asiduidad y de forma violenta, acudir al veterinario más próximo. Que lo examine antes de que pueda acarrear males mayores.
El veterinario es un dinero (sobre todo a ciertas horas de la noche) pero más vale la salud de mi perro.


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