Haces un par de domingos hablabamos de la RAIA, y el otro día ocurrió un suceso curioso que hasta hoy, después de descubrir la trama no me había quedado claro. Siéntate y leé que te explico lo que pasó y así te enteras.
Todo aconteció una agradable tarde de paseo. Una chica (para respetar la intimidad usaremos el nombre ficticio de "Sara Carbonero") de las que habituan el área de ocio canino de mi barrio, paseaba por las extensiones del parque periurbano Porzuna. La noche, con el cambio de hora, tempranamente se hacía, y entre los caminos de albero que forman las serpenteantes entrañas del cercado, se encontró a un ocioso cachorro de labrador chocolate precioso.
El susodicho rondaba unos 7 meses, muy educadete, coscón, en buen estado nutricional y pelaje. Color chocolate 60%, ni que decir tiene que éste tipo de labradores no son gratis, y éste reunia todas las características de nómina. Por éstas peculiaridades, fué re-bautizado provisionalmente como "Chocapic" (si, formamos un grupito muy ingenioso).
Chocapic llevaba toda la tarde andurreando por el parque a su rollo, sin cadenas que ataran su porvenir, sin tirones que marcaran su paso y sin dirección concreta. Únicamente llevaba consigo un collar antiparásitario color chocolate, a juego con su lúcido pelaje.
Sara, que se había dedicado a escrutar al distraido animal, se hizo con él en un descuido, cuando hubo observado el tiempo suficiente para llegar a la conclusión que Chocapic se encontraba extraviado.
La joven Carbonero, que sabía que hacer en éstos casos, se dirigió a informar a los señores responsables del parque. Sería el primer lugar donde acudiría su dueño, que aún podría estar en las instalaciones. Eso pensó Sara. Allí se encontraría una escena que la dejaría perpleja:
-Nadie ha preguntado por él, pero tiene usted que hacerse cargo del animal, aquí no puede quedarse. (Ya, ésta fué la reacción de los señores del parque).
Atónita, ante tal actitud, despreocubada, despota y carente de soluciones, le tocaba dar su segundo paso: denunciar a la policia local la desaparición de Chocapic.
Dispuesta a todo por él, Sara se plantó en la comisaria y notificó lo acontecido. Allí podían comprobar con un lector, los datos contenidos en el microchip que portaba Chocapic.
Para asombro de todos al cotejar el número de chip con la base de datos de la RAIA, la única reseña que había en él, era el código que asigna el colegio de veterinarios a cada profesional veterinario. Es decir, la RAIA, vincula el número de microchip (sólo exite uno por microchip haciéndolo único) al código de profesional identificativo que tiene cada veterinario (que también es único).
Para que el veterinario pueda dar de alta un microchip en la base de datos de la RAIA, tiene que rellenar toda la documentación obligatoriamente, si falta algo, no puede hacer efectivo el registro. Éstos datos son los referentes al dueño: nombre del perro, nombre del dueño, dirección, teléfono, etc...y precisamente ésto era lo que faltaba.
La autoridad, recogió el teléfono de Sara, y ella se marchó con el perro. Ya se pondrían en contacto.
El susodicho rondaba unos 7 meses, muy educadete, coscón, en buen estado nutricional y pelaje. Color chocolate 60%, ni que decir tiene que éste tipo de labradores no son gratis, y éste reunia todas las características de nómina. Por éstas peculiaridades, fué re-bautizado provisionalmente como "Chocapic" (si, formamos un grupito muy ingenioso).
Chocapic llevaba toda la tarde andurreando por el parque a su rollo, sin cadenas que ataran su porvenir, sin tirones que marcaran su paso y sin dirección concreta. Únicamente llevaba consigo un collar antiparásitario color chocolate, a juego con su lúcido pelaje.
Sara, que se había dedicado a escrutar al distraido animal, se hizo con él en un descuido, cuando hubo observado el tiempo suficiente para llegar a la conclusión que Chocapic se encontraba extraviado.
La joven Carbonero, que sabía que hacer en éstos casos, se dirigió a informar a los señores responsables del parque. Sería el primer lugar donde acudiría su dueño, que aún podría estar en las instalaciones. Eso pensó Sara. Allí se encontraría una escena que la dejaría perpleja:
-Nadie ha preguntado por él, pero tiene usted que hacerse cargo del animal, aquí no puede quedarse. (Ya, ésta fué la reacción de los señores del parque).
Atónita, ante tal actitud, despreocubada, despota y carente de soluciones, le tocaba dar su segundo paso: denunciar a la policia local la desaparición de Chocapic.
Para asombro de todos al cotejar el número de chip con la base de datos de la RAIA, la única reseña que había en él, era el código que asigna el colegio de veterinarios a cada profesional veterinario. Es decir, la RAIA, vincula el número de microchip (sólo exite uno por microchip haciéndolo único) al código de profesional identificativo que tiene cada veterinario (que también es único).
Para que el veterinario pueda dar de alta un microchip en la base de datos de la RAIA, tiene que rellenar toda la documentación obligatoriamente, si falta algo, no puede hacer efectivo el registro. Éstos datos son los referentes al dueño: nombre del perro, nombre del dueño, dirección, teléfono, etc...y precisamente ésto era lo que faltaba.
La autoridad, recogió el teléfono de Sara, y ella se marchó con el perro. Ya se pondrían en contacto.
Ahora tenían un perro de los que se venden caro, con un chip puesto y con una ficha en la base de datos de la RAIA sin información alguna sobre su propietario. Y el siguiente paso era localizar al veterinario que instaló el micro a Chocapic, a través del código que une chip y profesional. Al hallarlo, éste comentó que tenía el número de teléfono de la persona que le trajo al perro: el criador. Eslavón tras eslavón en la cadena de llamadas para conocer la verdad sobre su pasado.
El criador, argumentaba que él no se dedicaba a la crianza de labradores, era cierto que había tenido perros con aquellas singularidades, pero que los había regalado. En total, tres cachorros de labrador chocolate.
Cuando Sara llegó con el nuevo miembro al área de ocio canina -el pipican- todo eran expeculaciones y admiración por "Chocapic" y, más de un dueño le salió en las horas que estuvimos juntos. En el transcurso de charlas sobre el asunto la noche se hacía intensa. El tema más comentado fué como era posible que un perro con un chip instalado no tuviera información alguna en el registro de la RAIA. Todo era sospechosamente raruno...
El teléfono de Sara comenzó a vibrar en su bolsillo. Era una familia de una urbanización cercana, que aseguraba que Chocapic podría ser su perro. Perro que creían muerto a causa de la parvovirosis mientras se encontraba en una escuela de adiestramiento. La historia se tornaba a más rocambolesca.
La familia, cuatro miembros bién aseados y osea, no reconocian al perro y éste les era totalmente indiferente. No era su perro, pero arrojaron luz u oscuridad al asunto. El hombre, nos comentó que había sido un regalo de su primo y nos puso en contacto con él - el no criador. El no criador, indagó sobre el paradero de las tres familias a las que había obsequiado con los hermanos de Chocapic. El primero, resultaba muerto por parvovirosis, el segundo se encontraba con sus dueños y feliz y el tercero, pués el tercero era Chocapic y sus dueños no sabian donde estaba.
Sara les ofrecio su dirección y acudieron a recogerlo. Aunque ésto fué más entrada la noche y Lupe y yo nos encontrábamos en nuestro hogar, a expensas de un nuevo amanecer en el que se nos descubriera la trama final de ésta historia.
El teléfono de Sara comenzó a vibrar en su bolsillo. Era una familia de una urbanización cercana, que aseguraba que Chocapic podría ser su perro. Perro que creían muerto a causa de la parvovirosis mientras se encontraba en una escuela de adiestramiento. La historia se tornaba a más rocambolesca.
La familia, cuatro miembros bién aseados y osea, no reconocian al perro y éste les era totalmente indiferente. No era su perro, pero arrojaron luz u oscuridad al asunto. El hombre, nos comentó que había sido un regalo de su primo y nos puso en contacto con él - el no criador. El no criador, indagó sobre el paradero de las tres familias a las que había obsequiado con los hermanos de Chocapic. El primero, resultaba muerto por parvovirosis, el segundo se encontraba con sus dueños y feliz y el tercero, pués el tercero era Chocapic y sus dueños no sabian donde estaba.
Sara les ofrecio su dirección y acudieron a recogerlo. Aunque ésto fué más entrada la noche y Lupe y yo nos encontrábamos en nuestro hogar, a expensas de un nuevo amanecer en el que se nos descubriera la trama final de ésta historia.
Moraleja: pués todo ésto paso en varias largas horas, a causa de que la base de datos de la RAIA tuvo un fallo en servidores. Es decir, los ordenadores de la RAIA tuvieron un problema de conexión y nadie pudo registrar o leer - durante aquél periodo de tiempo- nada. Si húbieramos podido acceder correctamente a aquella información Chocapic no hubiera tardado tanto en reunirse con su familia. Teniendo la suerte, de que siguiendo un hilo de pistas relativamente fácil se pudo localizar al dueño.
Añadir también, si se te pierde tu perro, lo mínimo es agradecer a la persona que lo encuentra, se preocupa por localizarte y te lo devuelve en perfectas condiciones de trato y cariño. Chocapic era un perro muy amable, pero su dueña resulto ser una imbécil.
Gracias a Sara.
Añadir también, si se te pierde tu perro, lo mínimo es agradecer a la persona que lo encuentra, se preocupa por localizarte y te lo devuelve en perfectas condiciones de trato y cariño. Chocapic era un perro muy amable, pero su dueña resulto ser una imbécil.
Gracias a Sara.

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