martes, 6 de marzo de 2012

Un martes cualquiera...

Lupe the dog

El sol llevaba entrando desde hacía horas por la rendija de la persiana a media echar. Tenía mi boca seca, y necesitaba ir al baño. La habitación estaba en silencio, sólo se escuchaba su leve y agitada respiración. Entrecortada a momentos, debido al resfriado que lo acompañaba en éstos últimos días. Por algún motivo que se me escapaba, esta noche durmió sólo...llevaba días haciéndolo. Lo volví a agradecer, porque así en mitad de esas palabras balbuceadas por la fiebre, me colaba entre el edredón, con mis 25 kg de pesos, sin ser detectada. Aunque, se echaba echaba de menos su presencia....tenía un efecto de calma sobre él...sobre los dos. Olía a fruta del bosque, más concretamente a mora, mezclado con un olor suave y agradable, a algodón de azúcar, a limpio. Sabía que tenía la cama vetada cuándo ella venía, pero era agradable despertarlos, saltando en medio de los dos y chupando toda piel al descubierto.

 El ambiente estaba cargado, aquella habitación le hacía falta un aseado. De reojo, podía ver las 11:00 en el despertador. Estiré al máximo mis patas traseras y delanteras empujando todo lo que había en el colchón. 
- Venga, hombre, se que estás pachucho, pero tengo que ir al césped. 
Con ése sexto sentido que todo perro tiene, comencé a ladrar sin darme cuenta.  
-Oh Lupe! ... y tú que haces aquí? - gimió él, enredado entre las sábanas.
Al instante, el telefonillo del portal, alguien llamaba. Lo sabía. Ladraba hacía la puerta y lo miraba. Volví a ladrar hacía la puerta y lo volví a mirar...
- illo, están llamando, hay alguien en la puerta, arriba...come on...arriba...Le lamí toda la cara en una sola pasada, me encanta despertarlo así, lo he dicho antes?

- Lupe, por favor, es el repartidor....ayer Berni hizo la compra online... - masculló-. Me gusta cuándo él me da explicaciones, la que liaron los dos comprando productos sin imágenes por Internet.  Desde el sofá me quedé dormida mirando cómo tenían una disputa sobre el tipo de gel de baño que estaban adquiriendo ¿habrían acertado en algo?

De un salto, se dirigió fue a la cocina, respondió al telefonillo algo que no pude oír, y abrío la puerta del apartamento. Sentía la agitación en mis 5 extremidades. Empecé a estresarme, tenía que ver quién era, pero entre la cantidad de olores que había en esa estancia, un trozo de patata frita grasienta llego a mi hocico. Llevaría allí semanas, pero medir el tiempo a largo plazo no se me daba muy bien. Miré al lánguido tubérculo, pero resistí la tentación. Somos muy estrictos en la comida que hay en el suelo, y el coger cosas de manos extrañas. A veces se me olvida...pero no ésta. Me dejé llevar por el resto de olores, tenía la trufa ordenándolos a toda velocidad, y pude definir el de las tres pelotas que estaban debajo de la encimera....fuera de mi alcance....ahí a 20 cm de mi hocico. Todo este tiempo. Casi olvidé al repartidor. Intenté estirar las patas para alcanzarlas.... ... ... ... ya no tenía ese delicado cuerpecito de hace un par de años.

Frustrada, empecé a ladrar de nuevo, fuerte y entrecortada, ese ladrido que lo abarca todo: 
- las pelotas están debajo de la encimera, ahí mismo...please...y también hay alguien extraño en la puerta....quiero verlo, tengo que proteger a la manada...he dado el aviso
Entre todas esas señales que le iba dando, saltaba, me agitaba y de pronto me vi encerrada en la terraza. Detrás del cristal. Pero qué? ... sólo podía ser mera espectadora del servicio a domicilio del Mercadona.

Mi alrededor, la terraza, estaba algo dejada de la mano femenina. En estos momentos yo era la única pieza de dicho género en el apartamento. Hojas secas, cacas de pájaro, ropa tendida desde hacía siglos....Algo vino a la punta de mi nariz, un olor conocido, agrío, y mis oídos captaron el tap, tap, tap del sigiloso andar de los gorriones. Malditos, fuera de mi pienso!!! Cómo os coja...
Odiaba a los gorriones. Desde el pollete de la terraza, me acechaban. Desde el árbol que asoma al jardín, planeaban el hurto. No había descanso para los gorriones. La terraza estaba llena de sus pequeñas heces, mi pienso picoteado, y la madera de pequeños tronquitos empapelaban el suelo de la misma. Bueno, esto último es cosa mía, pero de pié, ayudándome de la pared, podía verlos, en las ramas....ya os agarraré condenados.

De pronto, la puerta corredera de cristal se abríó, libre, y dos pelotas de goma rebotaron de un lugar a otro del apartamento. Vaya LOCURA!! 
-Venga Lupe, coge una que nos vamos a comprar el pan, dijo el Líder mientras echaba mano a las llaves. 
Atrapé fuertemente aquella escurridiza pelota de goma y descubrí que detrás de un ordenador, en el sofá, comiendo un tazón de lo que mi eficaz olfato me decía eran cereales con chocolate, estaba Berni. 
Berni era nuestro compañero de piso. Un tío rarito, larguirucho y encorbado, olía a muchas cosas, nada naturales, pero levemente podía apreciar el olor de Cafú, el perro abuelo de su novia. Cafú estaba pachucho, la edad. Llevaba semanas visitando al veterinario...brrrr...pobrecillo. Ya iriamos hacerle una visita. Le llevaré una de mis pelotas de goma....bueno, iremos a verlo sin más.

Berni, odiaba que lo lamiese....y a mí me encantaba hacerlo.
- Dios Lupe no me LAMAS Cojones!!! -protestó Bernard, cómo a ellos les gustaba llamarle, cogí la pelota y me fuí hacía la calle meneando mi cola satisfecha. 

El día era el acostumbrado en Sevilla. Sol y buena temperatura. 
- Ups, espero que hallas cogido un par de bolsitas, pensé mirando a Ara, que ya iba sumergido en un mar de pensamientos. Últimamente, lo hacía mucho. Evadirse de la realidad, con la mirada perdida....paseaba conmigo, pero no estaba....murmuro algo sobre un jardinero sin flor que regar....quien lo entendía.  Aquí no había flores, solo cesped....y matojos. Muchas veces los de su especie hablaban sin sentidos. Ésta mañana tenía la mirada triste, a dcir verdad llevaba tiempo así. Anoche regresó con esa mirada del trabajo. Tienes que cuidarte del resfriado. El caso es que en estos paseos solo volvía en sí, si me veía correr detrás de un gato, o las intenciones de cruzar la calzada. Y ese condenado móvil...me quitaba todo el rato protagonismo.....Será cosa de la fiebre...pobrecillo, haber si se recupera y volvemos a nuestras andadas en deportivas. Oí muchas veces antes de empezar a hacer deporte eso de: mens sana in corpore sano.

Después de echarlo todo, caliente y humeante, y observar como se llenaban las bolsas e iban a parar a la papelera, corrí y corrí, cómo una loca. Debía desfogar todas esas horas de cama....le obligué a lanzarme la pelota con ese instrumento de plástico, cómo una extensión de su brazo. La potencia, velocidad y distancia que las bolas salían de éste lanzador era espectaculares. Era necesario una buena técnica para su uso, pero el Líder lo dominaba.

Al rato llegamos a la zona de calzada. MmmMmm...huelo a gato, pero no era momento de eso. En este tramo del trayecto, debo de cambiar mi actitud libertaria, y doblegarme a la atadura de la correa. Era peligroso, había coches...pero no me importaba. Para eso había ido a clases de entendimiento canino y humano....me gustaba ir al lado de él, pelota en boca, todo el camino hacía la panadería. Confiaba en él, ciegamente. Lo esperaría en la puerta, bajo la atención de todos los viandantes y clientes. Allí todos me conocían. Hasta un día, que llevé un frisbee me dieron 20 céntimos, unos vejetes que desayunaban. Y me llevé un bollo para mi sola....que tiempos...que simpáticos aquellos vejetes...dónde estarían ahora? me apetece pan.

El sol ya se situaba en lo más alto, eso auguraba malas noticias para todos.  Sabía que era día laboral, porque siempre que Ara descansa prepara alguna salida más apetecible y larga que ir a comprar el pan. Excursiones a la montaña, a la playa....o simplemente pasear por el río....me encantaba el río. 


De un momento a otro se acabaría el paseo, y comenzarían las prisas. Hacer la comida super rápido, Berni saliendo de la ducha al son del -no llego, illo, que no llego- el uniforme puesto a toda prisa y un sinfín de olores químicos. Gomina, esa pasta que le deja el pelo duro -ara no es  muy amigo de este producto-, gel de baño y colonia....uf, la colonia tenia buen olor, pero el sabor de su cuello, puaj, amargo...me gusta más lamer su piel al natural. Cuándo yo lo hacía....nadie más lo intentaba.... Apoyar mi cabeza en su hombro, entre los dos, en la cama....y lamerlos bajo mi inocente mirada....con ese pensamiento, quedé exhausta en el sofá.


De pronto, desperté de mi ensimismamiento, un beso de Ara en la cabeza y un portazo. El apartamento estaba en silencio. El sofá, mi pelota de goma negra y toda una aburrida jornada laboral por delante. 

Con permiso de Spencer Quinn y Chet the dog.

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